Oiga ¿a usted qué le hace feliz? Inteligencia emocional en política

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Tali Sharot es neurocientífica en la University College of London. Estudia el sesgo optimista como factor evolutivo para la supervivencia. De acuerdo a sus investigaciones, las personas optimistas se desenvuelven mejor en su entorno social y son capaces de alcanzar mayores cotas de éxito durante su vida. Podría parecer una obviedad pero no lo es. Muchos seres humanos adoptan una actitud pesimista plenamente consciente, creyendo que, al ser menor la expectativa de éxito, su decepción también será más leve y así no le causará grandes trastornos seguir adelante.

Sharot viene a refutar esta costumbre socialmente adquirida por muchos que consiste en pensar que todo va a salir mal y así la vida es más llevadera. La autora asegura que los optimistas también son capaces de gestionar mejor el fracaso pues consideran que, a pesar de todo, las cosas mejorarán. Es una cuestión de actitud que ha permitido al hombre superarse a sí mismo. De hecho hay muchas más personas optimistas que pesimistas, sobre todo con nosotros mismos –creemos ser más guapos y más inteligentes que la media-.

¿Qué espero que me suceda en la vida? ¿Lo que está por venir será bueno para mí y para los míos?

Tanto el optimismo como el pesimismo, no obstante, juegan en un mismo terreno, que no es aquel de las realidades sino el universo de las expectativas. ¿Qué espero que me suceda en la vida? ¿Lo que está por venir será bueno para mí y para los míos? El hombre, por naturaleza, tiende a proyectar a futuro todo lo que aprende, escucha y siente: cómo será la fiesta a la que va a acudir con unos amigos, si la reunión de mañana será un éxito y qué factores lo determinarán –y cómo actuará si sale mal- o si le gustará la película de esta noche después de haber escuchado sólo buenas críticas.

La expectativa no determina, en parte, la opinión de las personas sino que es, a mi entender, el factor más importante a tener en cuenta en la construcción de percepciones. Más allá de la propia realidad presente que se encuentre el sujeto. De acuerdo a los últimos avances en el campo de la neuropsicología y la neurociencia es aquí, en la expectativa, donde reside la felicidad tal y como la concebimos los seres humanos.

Sharot lo explica con un ejemplo: “¿Es feliz un hombre que, aunque está cenando con su familia y amigos, sabe que al día siguiente ingresará en prisión y estará privado de libertad por muchos años? Muy probablemente no. Sin embargo otro hombre que, estando en su celda después de mucho tiempo encerrado, espera ser liberado al día siguiente será tremendamente feliz.”

Las personas somos felices desde el momento en que deseamos una cosa, incluso al margen de la satisfacción que nos provocará cuando efectivamente lo logremos. Este tiempo de espera es, por tanto, absolutamente condicionante de los marcos de percepción que nos creamos.

 Así pues tenemos a las personas optimistas que tienden al éxito, disminuyen su frustración y son más felices. Por otro lado damos por hecho que la expectativa es el gran factor que modifica las percepciones de los seres humanos. Y en tercer lugar, afianzando en realidad lo anterior, situamos la felicidad más en el terreno de la expectativa que en la experiencia.

 La felicidad política

Y aquí están algunas de las herramientas de la comunicación política del siglo XXI. La inteligencia emocional es la disciplina más eficiente para aprender a conectar con el electorado. No hablo de la gestión de las emociones en campaña electoral, de inyectar ilusión en el militante con el uso de discursos profundos y agitadores. Tampoco hablo de un escenario grandilocuente. Ni de promesas de medidas populares. Ni siquiera de storytelling u otras técnicas de relato comunicacional.

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Hablo de las nuevas formar de entender la relación entre la política y los ciudadanos, electores, votantes. Conectar emocionalmente con la felicidad de estos nos desvelará las estrategias de comunicación que debemos aplicar a un candidato, partido o programa electoral. La gran dificultad para establecer esas conexiones efectivas es el trabajo de microsegmentación; no a todo el mundo le hacen feliz las mismas cosas, por lo tanto, hay que descubrir qué apasiona a determinados grupos sociales o culturales, qué les hace moverse a diversos colectivos. Esto exige desarrollar focus group y encuestas no afectadas por el sesgo ideológico sino buscando múltiples respuestas sencillas a una sola pregunta: “¿qué le hace feliz?”

El famoso Big Data del equipo de Obama supone la primera aproximación efectiva a esta técnica; es posible que fuese aún algo primitivo pero que dio un resultado estupendo. Un equipo de informáticos y sociólogos estudió durante meses antes de la elección, los perfiles de los votantes. Así descubrió, por ejemplo, que un determinado grupo de mujeres de la Costa Este de los Estados Unidos –muy influyentes en sus comunidades- tenía verdadera devoción por George Clooney. Así que la campaña de Obama sorteó –a cambio de donaciones- una cena del presidente y George Clooney con la ganadora. Así conectó con un grupo específico de votantes, empatizó con ellos y estas hicieron de prescriptoras.

Estos estudios demoscópicos deben tener en cuenta, además, el factor optimista: identificar quiénes son optimistas por naturaleza de una manera más evidente, pues ellos serán los mejores prescriptores de nuestro mensaje. Identificarlos para trabajar sobre ellos.

Pero, ¿por qué los optimistas son tan importantes en política? He elaborado un cuadro para intentar explicar por qué considero que su actitud debe ser tenida en cuenta por los estrategas:

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Los optimistas suelen tener una expectativa alta sobre lo que va a suceder. También sobre los partidos políticos o los candidatos; esperan que sean buenos gobernantes. Dicho esto, su actitud frente al grado de cumplimiento de esos políticos a los que apoyó puede ser de mucha ayuda para la estrategia política: en casi todos los casos presentados, los optimistas serán sujetos activos que actúan de prescriptores para otras personas, recomendando el apoyo. Esto es así porque, aun cuando no se cumpla una alta expectativa, considerarán que han actuado bien, contribuirán a que otros hagan lo mismo y votarán en consecuencia.

Sin embargo, el pesimista, aun habiendo satisfecho sus necesidades y esperanzas, tendrá una satisfacción transitoria a lo sumo. Y, sin embargo, será un lastre a la hora de generar percepciones positivas entre sus conocidos respecto de un candidato.

Por eso es tan importante saber distinguir a los optimistas de los que no los son; saber llegar a ellos; convencerlos y ayudarles a que convenzan a otros. Y las palancas de activación de estos optimistas, volviendo al inicio, son “las cosas que les ofrecen una expectativa de felicidad”. No sólo ir a cenar con George Clooney, sino establecer amplias agendas de trabajo con estos colectivos partiendo de cero, sin apriorismos ideológicos de ningún tipo.

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En el próximo post hablaré sobre este mismo asunto. La inteligencia emocional, o la falta de ella, en la comunicación de las medidas adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy (España), así como en otros países de América Latina

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Puedes profundizar en la teoría de Tali Sharot aquí durante su intervención en el programa Redes de Eduard Punset

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La cara B de Centroamérica

[Colaboración con http://www.sesiondecontrol.com @sesiondecontrol]

Centroamérica es la región olvidada del continente de moda, América Latina.  Sus datos macroeconómicos no alcanzan los de sus hermanos mayores Perú, México o Brasil. No crecen a ritmos tan fulgurantes, a excepción de Panamá, que comienza a ser “una isla de riqueza en un mar de pobreza”, con una previsión para este año del 10% -será posiblemente el país que más crezca en el mundo.

Sin embargo, la percepción generada en el exterior es, con creces, mucho peor que la que tienen los nicaragüenses de los salvadoreños o los hondureños de los ticos. La región afronta graves problemas, principalmente de seguridad pública, pobreza, narcotráfico y corrupción, pero el avance es verdaderamente significativo en la última década.

Es una realidad que las democracias en Centroámerica son, en ocasiones, retorcidas y azotadas. A veces penden de un hilo o ni siquiera parecen democracias si uno mira de perfil. Pero salvo los problemas reales en Nicaragua, tras las denuncias más que verosímiles de fraude electoral en 2011, los países de la Región cuentan, desde hace una década, con sistemas institucionales estables, que están permitiendo desarrollos en lo económico y lo social. Es la cara B de Centroamérica, lo que nuestros periódicos no cuentan.

La mente de los seres humanos tiende a clasificar y prejuiciar todos los actos y a todos nuestros semejantes como una manera de tratar la información. Es innato a nosotros. De igual manera, los medios de comunicación han servido para crear un marco de debate en la escena internacional en el que los narcos son más noticia que los presidentes de las repúblicas; la violencia en las calles de El Salvador y Honduras opacan los datos de crecimiento de esos países, el aumento de la clase media, la reducción de los índices de pobreza y las medidas que está adoptando los gobiernos de turno. Esto no es del todo cierto. En España tuvo mucho eco en medios de comunicación la campaña del Gobierno de Tegucigalpa y Unicef para borrar de tatuajes a los expandilleros que querían reincorporarse a la sociedad. Al final queda la anécdota. Bonita, pero anécdota, algo que alimenta la sensación de excepcionalidad de este tipo de medidas.

Los centroamericanos se quejan. Se quejan de que todo lo que recuerdan de ellos allí fuera tiene que ver con el hambre, con las armas y con la coca. Me recuerda esto a la sobrereacción que tuvieron los medios de comunicación españoles cuando el New York Times publicó un reportaje fotográfico de nuestro país con instantáneas muy duras de gente escarbando en basureros o en la cola del paro. España se indignó con esas duras imágenes que reflejaban una realidad que existe pero que no es representativa. Aquí, millones de centroamericanos se sienten igual.

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Cuando las palabras se inyectan de odio

Os comparto el artículo que el diario La Prensa (el más importante en Panamá) me ha publicado hoy. No es comunicación política aunque tiene mucha de comunicación y mucho de política.

Qué importante es el lenguaje. Qué importante es elegir las palabras adecuadas para describir cosas o situaciones. Entiendo que, tras un ejercicio de reflexión, el profesor Espino Perigault escogió con consciencia la expresión “fornicación contranatural” para describir las relaciones homosexuales en las páginas de La Prensa el pasado martes 23 de octubre. De hecho, iba a más. El señor Espino entiende que los homosexuales exigimos poder casarnos como un privilegio con el que pretendemos que se “legalice la fornicación contranatural,  la prostitución homosexual; la selección libre de género y la educación sexual sin control parental”. Así, literal.

El señor Espino ha decidido que, con el fin de desacreditar el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, lo mejor que puede hacer es denunciar que si dos mujeres se casan, lo primero que va a hacer una de ellas –sino las dos- es lanzarse a las calles a prostituirse. Desde luego, tiene toda lógica porque es un comportamiento habitual de dos personas que están enamoradas, irse a un prostíbulo y ganar algo de plata.

“Fornicar”, según la Real Academia de la Lengua, es tener cópula carnal fuera del matrimonio. Por lo que he de suponer que el señor Espino se refiere a que si dos hombres contraen nupcias, automáticamente deben hacer un trío o una orgía. No me queda claro si la infidelidad sería consentida por la pareja, lo que haría la cosa más sucia, o a espaldas del cónyuge, como sucede en el 40% de las relaciones heterosexuales.

Pero no contento con esta orgía, esto sí que es una orgía, pero de conceptos, el señor Espino cree que los homosexuales no tendríamos control alguno (ni preocupación quiere decir, en realidad) sobre la educación sexual de nuestros hijos, que no nos importaría lo más mínimo si contraen enfermedades de transmisión sexual o se quedan embarazadas nuestras hijas con 12 años. Porque eso son cosas de las que se preocupa una pareja heterosexual normal, natural, bendecida por Dios. Dos hombres juntos o dos mujeres juntas tienden a copular todo el rato sin poder evitarlo, como dos conejos o dos perros que se ven obligados a hacerlo incluso en el parque, a plena luz del día.

Me apiado de los alumnos del Señor Espino Perigault. Siento pena porque están aprendiendo a vivir el mundo a través de los ojos de la intolerancia y de la ignorancia. Porque esos niños, si por él fuera, jamás aprenderían que en más del 50% de las especies animales –y los humanos lo somos- existen parejas estables entre ejemplares del mismo sexo; no llamaría yo “contranatural” a la mitad de la naturaleza pero yo soy más de latín y griego.

Ver el mundo con los ojos muy chiquitos te quita preocupaciones, eso sí. En la ignorancia la vida es mucho más fácil. El hombre tiene pene. La mujer vagina. El resto debe ser algo “malo”. En la India se cree firmemente en el tercer sexo y se respeta y se entiende que una mujer pueda nacer en un cuerpo de hombre. Pero el señor Espino estará poco viajado y eso es una pena porque sus alumnos también lo estarán.

Contranatural es tener a millones de niños en orfanatos esperando a tener unos padres que se lo lleven a casa y le den un beso cada noche antes de dormir. Contranatural es que un señor no pueda decidir dónde quiere enterrar al hombre con el que ha compartido 40 años de su vida. Contranatural es que dos niños tengan legalmente una sola madre cuando, desde que nacieron, han tenido dos mamás que les adoran y les llevan al cole.

Los niños no se trastornan porque los hayan criado dos hombres o dos mujeres. Los trastornan profesores intolerantes que inyectan en ellos odios irracionales hacia algo que es natural como la vida misma. Profesores Espinos, denle una oportunidad al amor, venga de donde venga. Si Jesucristo lo decía sin parar, ¿por qué ustedes lo olvidaron?

 

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Los 15 días que cambiarán Cataluña

 

Artur Mas va a pasar a la historia. Aún es difícil atisbar de qué manera pero, lo que parece ya claro,es que será recordado por marcar un punto de inflexión en la hoja de ruta soberanista en Cataluña. Muchos analistas se afanan estos días en presentar este giro inesperado de los acontecimientos como parte de una hoja de ruta históricamente consensuada entre los nacionalistas catalanes –el “seny convergente”-, para alcanzar la independencia de España. Pero ni uno sólo de esos analistas afirmaba, hace menos de dos meses, que la deriva soberanista catalana llegaría al punto en que nos encontramos.

Y esto es así porque, aunque no lo reconozca, ni siquiera Mas sabía el día antes de la Diada de Cataluña (11 de septiembre) que su reclamación independentista alcanzaría el éxito rotundo que ha obtenido.

El president ha movido las fichas de manera magistral. Posiblemente improvisando día a día. Apuesto a que el plan político y de comunicación desplegado por la Generalitat estaba diseñado pero para ser puesto en marcha en otro momento y a lo largo de muchos meses. ¿Cuándo? Al término de la legislatura, una vez liquidado el Pacto Fiscal. ¿Cuánto? 6, 8 o 10 meses antes de finalizar la legislatura en 2014.

En cualquier caso, no ahora. Sin embargo, la manifestación de la Diada le ofrece la excusa perfecta para encaramarse a la ola de fervor soberanista en Cataluña. Es un movimiento casi espasmódico de adhesión pero muy inteligente. Desde entonces, en sólo 15 días, Mas da por muerto el Pacto Fiscal tras la reunión mantenida con Rajoy en Moncloa –una muerte teledirigida por el propio Mas-, provoca una votación en el Parlamento de Cataluña para una consulta sobre la independencia y, finalmente, convoca elecciones en la comunidad. 15 días de vértigo que transformaron la agenda política del país entero y cuyas consecuencias son imposibles de prever. Un terremoto político.

De momento la apuesta, como decía, le ha salido a Mas a la perfección. Por un lado, ha aglutinado a las fuerzas independentistas en torno a su marca política, robando el discurso a ERC –que mejorará resultados por inercia tras la crisis interna que por poco se los lleva por delante en 2010. Pero también ha puesto en jaque a los socialistas catalanes, evidenciando sus conflictos internos y tensando la cuerda del tal modo que ha acabado por romperse, con la salida de Ernest Maragall. El Partido Popular en Cataluña tendrá un posición aún más marginal, con la posible pérdida de hasta 6 diputados; y peor aún, arrinconando al partido conservador en torno a su discurso españolista, algo que no gusta a casi nadie en Cataluña.

Todos pierden en definitiva. Todos excepto Artur Mas. Ahora sólo se habla de él. Ha conseguido que la opción separatista se muestre real en las mentes de los españoles; que finalmente lo verbalicen y lleven ese asunto a la conversación de los bares. Que el marco de conversación sea “una Cataluña fuera de España y dentro de Europa” y no una “Cataluña con más o menos autonomía”. Ha conseguido que el New York Times le entreviste a raíz de este asunto. Que la gente realmente le odie, tenga sentimientos hacia él, paso absolutamente necesario para pasar a la historia. Es el hombre de moda, el foco de todos los eventos.

Para las páginas interiores de los periódicos queda ya el rescate del Gobierno español a Cataluña, opacado por la fiesta de serpentinas y senyeras que Mas ha organizado, a través de las cuales aparecerá victorioso en las elecciones del próximo 25 de noviembre. Será una victoria contundente que dará aun más legitimidad a su proyecto y avivará el asunto en la agenda política española. El próximo paso de Mas sigue la lógica de quien azuza los odios de unos contra otros en un paso más para crispar ánimos: la “internacionalización del conflicto”, como él mismo ha asegurado. La expresión nos suena a muchos españoles porque era la que continuamente usaba ETA y el entorno abertzale para provocar la reacción de países y organismos internacionales en su “guerra contra la España opresora”. Esa España que viola los derechos del pueblo, impide su desarrollo económico de sus habitantes, coarta las libertades fundamentales de sus ciudadanos y obliga a devolver al Estado centralista, que luego reparte con el resto, el dinero que legítimamente les corresponde ¿Les suena de algo?

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Martinelli contra el Cuarto Poder

La opinión pública panameña vive sumida, en los últimos meses, en la consternación permanente por la caricatura que los medios de comunicación hacen de su presidente, Ricardo Martinelli.

Los ciudadanos se preguntan cómo es posible que aquel mandatario que venció las elecciones de 2009 con el 60% de los votos y un índice de aprobación del 85% sea el mismo que hoy, menos de 3 años después, dibujan diarios y televisiones: un político autoritario, confrontacional, arisco y, si me apuran, corrupto.

Las cifras no dejan lugar a dudas: Unimer para La Prensa dio el lunes 55/43 en contra de la labor presidencial, la primera vez que Martinelli suspende en esta encuesta. Los números aportados por Ditcher & Neira son más trágicos: en sólo 1 año, el presidente ha perdido 32 puntos de popularidad. Eso quiere decir que el grande desgaste lo ha sufrido en estos últimos 12 meses pues, en los 2 años anteriores, su índice de aprobación pasó de 80 a 70, algo relativamente normal para las estadísticas de gestión de un gobierno.

¿Que ha motivado un descalabro de estas dimensiones? Sin entrar a valorar las decisiones políticas, pues no son asunto de este blog aunque obviamente influyen, la imagen actual de Martinelli es el resultado de una larga batalla entre el presidente y los medios de comunicación, que está perdiendo aquel.

No conozco países en América Latina, ni es el caso de España, donde tantos medios de comunicación se hayan posicionado en  contra del presidente o el primer ministro de su país (La Prensa, La Estrella, Telemetro, TVN, Día a Día, Mi Diario, RPC, la lista es interminable). Sólo se mantiene fiel el diario Panamá América y no es raro leer en sus páginas críticas por la gestión de algunos asuntos.

El presidente ha facilitado enormemente que esta situación se dé y se vaya agravando con el tiempo. Las acusaciones de opacidad en la comunicación de algunos de sus proyectos, las trabas denunciadas por los periodistas en su trabajo diario, cuando no la descalificación directa y personal a algunos de sus miembros (histórica la referencia al oscuro pasado de un periodista) han sido el caldo de cultivo para que se geste este estado de ánimo. Por encima de estas actitudes parece estar el convencimiento de que la prensa intenta derrumbarle.

Cuando se dan estas o similares circunstancias, se suele recurrir a la teoría conspirativa del Cuarto Poder contra el Gobierno legítimo; teoría que ha tenido cierto éxito en Panamá y que explica ese 42% de aprobación que aún mantiene Martinelli (si sólo leyéramos la prensa imaginaríamos a un presidente al borde de la dimisión). La segunda de las medidas que suelen adoptarse es “saltarse al mensajero”, de ahí que el presidente tenga una cuenta (muy activa) de twitter (@rmartinelli) para “hablarle directamente al ciudadano” y se haya pensado en habilitarle un programa de televisión en formato muy breve para que pueda explicar su gestión al panameño sin pasar por las “manos tergiversadoras” de los periodistas. Proyecto que parece estar en stand by.

Martinelli se decantó por esta estrategia mediática. Pero tenía otras opciones. Podría haber optado, por ejemplo, por nadar entre las siempre turbulentas aguas de los grupos mediáticos con el fin de atraerlos hacia sí; es una estrategia que desgasta mucho, exige paciencia y temple, hacer concesiones. Contar con los periodistas y contarles más. Asumir lo que escriben sin reprochar nada. Darles acceso directo a la información.

Como ha reconocido estos días el ex primer ministro del Reino Unido Tony Blair en una declaración pública “es imposible gobernar con los medios en contra o impermeables al mensaje del Gobierno”. Blair llega a decir: “decidí cortejar a los medios de comunicación antes que arriesgarme a la ira de los grandes magnates de la prensa” (cuenta la corresponsal de TVE en Londres, Anna Bosch)

Parece obvio, las estadísticas hablan por sí solas, que la táctica de confrontación no le está saliendo bien al presidente. Y si hacemos caso a Blair, así no se puede gobernar.


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YPF o la obra maestra de Kirchner

Señoras y señores. Muchas gracias por su atención. Esperamos que el espectáculo les haya entusiasmado y no se pierdan nuestra próxima función. Aún no sabemos dónde ni contra quién será pero no duden que será grande y que nos hará grandes.

Bien contenta debe estar, a estas horas, Cristina Fernández de Kirchner y su equipo. Como en un buen espectáculo de cabaret, donde los trucos de magia se entremezclan entre números musicales seductores y guiños ácidos al aforo, el Gobierno argentino se ha metido a su público en el bolsillo. El guión de la expropiación de YPF a la compañía petrolera Repsol es brillante. Tiene todos los ingredientes para sacarle el máximo partido a la historia: una víctima -el pueblo argentino, desposeído de sus derechos más básicos-; un enemigo -Repsol y, por ende, España-; un hilo conductor -el cruel colonialismo aún vigente en la Argentina y que oprime al pueblo-; y una heroína -Cristina, la salvadora de la Nación, la mujer valerosa que, contra viento y marea, lucha por la dignidad de un pueblo-.

Pero además de unos ingredientes jugosos, Kirchner ha ejecutado el acto a la perfección: ha planteado el asunto como un cuestión vital para los intereses de la nación, ha repetido -hasta hacerlo creer- que el “enemigo” literalmente estaba robando a los argentinos lo que le era propio, ha conseguido que se pasara por alto el hecho de que YPF se privatizó en números rojos. Y lo mejor, el número final: consiguió despistar al Gobierno español, haciéndoles creer que el asunto se relajaba, para lanzar el anuncio, pillar a todos por sorpresa y dar el do de pecho sola, ante la cámara. Por si la historia no era ya suficientemente emotiva, al final de su intervención sacó a relucir a su marido, el expresidente Néstor Kirchner, para asegurar que “esté donde esté, seguro que está orgullosa de ella porque Néstor siempre quiso un YPF para todos los argentinos”.

Y así es como funciona el teatro de la política. De consumo interno, sí, pero ni el Gobierno español ni el estadounidense ni el FMI votan para presidente de la República Argentina.

Kirchner está utilizando su aplastante mayoría y apoyo popular tras las elecciones que le renovaron en la presidencia y le dieron el control de las cámaras, para espolear su discurso más populista y anclar aún más el kicrhnerismo a las raíces del pueblo argentino.

A los asesores de Cristina, ni a ella misma, les ha importado poner en tela de juicio la seguridad jurídica en el país. Y no les ha importado, ni les importará, la caída de las inversiones extranjeras en el país. Y va a seguir durmiendo divinamente aunque varios organismos internacionales  la acusen de saltarse las más elementales reglas de mercado. Porque ella a está a otra cosa: está en el espectáculo de la política que ha conseguido sacar a miles de argentinos a las plazas para festejar la nacionalización de YPF. Está en revivir el conflicto de Las Malvinas, que ha vuelto a sacar a relucir los muertos, las emociones, el nacionalismo más rancio y casposo pero aún vigente en los pueblos derrotados en alguna guerra reciente.

Cristina es una directora de orquesta magnífica. Y la mejor protagonista posible de su propia obra de teatro. Y si a Argentina le van mal las cosas, siempre va a tener a un poderoso enemigo al que echarle la culpa: el colonialismo/capitalismo, malo malísimo, siempre al acecho contra el más débil.

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Rajoy no está ni se le espera

Llevo varios días perplejo leyendo algunos análisis que se hacen de los motivos por los que el gobierno de Mariano Rajoy está comunicando mal. He leído que cometen los errores del anterior gobierno al improvisar el anuncio de reformas. Que envía mensajes contradictorios a la población. O que el PP vuelve a las andadas pifiándola en su forma de comunicar porque nunca lo ha hecho como el PSOE (¿entonces el PSOE comunica bien???)

Vayamos por partes y empiezo por el final. Los gobiernos del PP no comunican especialmente mal o, al menos, no peor que lo hicieron los gobiernos socialistas. Es una falacia que se ha asentado en el imaginario colectivo de la comunicación política española. El PP ha cometido grandes errores en su discurso en los años en que ha estado en Moncloa –y en estos meses ha vuelto a repetirlo– pero quiero ver yo cómo gestionarían algunos situaciones con lo que otros han salvado el cuello.

La percepción de que se envían mensajes contradictorios no es producto de la falta de coordinación en la mayoría de los ejemplos. Y pongo uno que ha sido ampliamente criticado. Hace pocos días el ministro de Economía, Luis de Guindos, en una entrevista de radio, sugirió la posibilidad de establecer un copago en la sanidad para las rentas altas, algo que fue replicado desde la secretaría de comunicación del PP en boca de Carlos Floriano aduciendo que sería una valoración personal del ministro. A mi entender eso es sólo una más de las estratagemas que se usan para insertar un tema en el debate público. Un globo sonda. De Guindos hizo su papel de generar debate sobre la medida y Floriano actuó de contraparte para sostener el discurso que viene teniendo el PP sobre el asunto. Si alguien acepta esta versión, no tendrá dudas, como yo, de que, salvo un golpe de mando de última hora, veremos dentro de poco cómo se instaura el copago para rentas altas o para ciertas pruebas médicas.

Y luego viene el manido tema de la improvisación. ¿Cómo no se va a comunicar desde la improvisación si la gestión de Gobierno está siendo improvisada y no hay forma de dar buenas noticias? Los que trabajamos ayudando a gobiernos a explicar su agenda -y pasa igual en el caso de empresas e instituciones- sabemos que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Podremos ponerle un lacito para que quede bien bonito el regalo, pero una subida de impuestos es una subida de impuestos y no se acepta bien, se acepta más bien mal. Y un recorte de 10.000 millones de euros en Sanidad es lo que es. Yo pensé el otro día que al gobierno de Rajoy le habría ido mejor con esto si se hubiese inventado un Plan de Racionalización y Eficiencia del Estado donde hubiese insertado este anuncio y otras muchas, pero desde la seguridad de que la capacidad para generar empatía sobre la medida no está garantizada.

Retomando la pregunta anterior. Pero, ¿cómo no se va a gobernar desde cierta improvisación si España está obligada a reaccionar día sí día no al vaivén de los mercados? ¿Alguien se cree que la Secretaría de Estado de Comunicación no habría diseñado algo más elaborado que una “escueta” -muy bien Elena Valenciano- nota de prensa? Claramente el anuncio es precipitado porque estoy convencido de que el gobierno se vio obligado a hacerlo por factores que desconozco absolutamente pero que intuyo. -Que no se me entienda que me parece bien que se despache algo así con una nota de prensa porque eso no hay cómo justificarlo. Como no se entiende el muy triste video del ministro Soria defendiendo a Repsol ante la posible nacionalización-

En mi opinión, el problema de este gobierno no es un problema de discurso ni, en términos generales, de táctica. Creo que el grandísimo error es no haber revisado los procedimientos generales de comunicación desde el Gobierno que vienen realizando sistemáticamente todos los presidentes que han pasado por Moncloa y sus equipos y que se resumen en:

  1. El gobierno no domina el debate. Y no lo domina por su nivel de exposición. ¿Es aceptable que en una sociedad avanzada, occidental, democrática y tecnológica, donde los ciudadanos replican en directo a través de Twitter, la voz institucional del Gobierno domine un único día de la semana? ¿Se puede seguir sosteniendo que Soraya Sáez de Santamaría comparezca los viernes a las 2 de la tarde, y sólo ese día, para trasladar los mensajes del Ejecutivo? ¿Y además en viernes, que la gente no lee la prensa los sábados y has de esperar al lunes para retomar el debate? El portavoz del Gobierno tiene que defender las medidas todos los días, concentrar el discurso en su persona, lanzar su mensaje siempre a los mismos periodistas, a los que conoce y sabe manejar. Lo que sucede ahora es que la fuerza del discurso se dispersa en las múltiples entrevistas de ministros y ministras que inundarán los medios pero son esclavos de la actualidad diaria y de la discrecionalidad del periodista de turno.
  2. El presidente, sencillamente, no está ni se le espera. Los partidos políticos se pasan meses, años, enseñándonos la foto del candidato de turno. Y cuando lo colocan en la Moncloa, lo esconden tras las cortinas de la residencia oficial. Muchos asesores aseguran que se hace para dejarle para los momentos importantes, que un presidente se debe hacer de rogar, que debe ser algo inaccesible para preservar su halo. El presidente Obama concede una media de 5 entrevistas a periodistas al mes. Creo que es un dato suficientemente significativo. Cuando un gobierno decide recortar 10.000 millones de euros en Sanidad, ¿no sería más lógico que compareciera el presidente ante todos los periodistas o diputados a explicarlo? ¿No debería contarlo con su ministra de Sanidad tras él para coger más tarde el estrado y explicar hasta la extenuación por que són 10.000 y no 8.000? Un presidente no puede, bajo ninguna circunstancia, dejar plantados a unos periodistas en el pasillo del Senado y darse media vuelta. No puede hacer política a golpe de nota de prensa. No puede hablar de millones de euros.

¿Y si os digo que hay 2 funcionarios contratados en el Ayuntamiento de Soria que hacen el mismo trabajo que otros 3 funcionarios de la Diputación, otros 2 del Gobierno de Castilla y León y 3 más que están en el Ministerio de Administraciones Públicas en Madrid? ¿Que hay 10 personas haciendo el mismo trabajo que podrían hacer sólo 2? ¿No se entiende mejor así que no es sostenible hoy en día el Estado de las Autonomías y que hay que adelgazar el Estado?

El desgaste de este Gobierno será inversamente proporcional a su capacidad para dominar el debate público y situarlo en el marco de los ejemplos y no en el de los números. Porque si de números hablamos, vamos mal.

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