¿Agitar el racismo como estrategia política?

Hoy vamos dar unas breves (¿?) pinceladas acerca del último gran debate que convulsiona la Unión Europa: la deportación de gitanos rumanos a su país de origen.

Desde el punto de vista de la estrategia política, no vamos a descubrir América si enmarcamos la decisión del presidente francés Sarkozy de realizar deportaciones de gitanos rumanos, como un intento, más bien desesperado, por recuperar iniciativa y   aumentar su índice de popularidad. La explicación de la elección del tema en cuestión viene de la necesidad de mostrarse como un líder fuerte y contundente, un presidente al que no le tiembla la mano y que vela por la seguridad de sus compatriotas. ¿Habrá elegido bien?

Que nadie piense que los gitanos rumanos están suponiendo un problema real en Francia ni en el resto de la Unión. Es un debate artificial inoculado con gran éxito por la derecha francesa y que ha cosechado un gran éxito al conseguir que el asunto trascendiese las fronteras francesas y se instalase en Bruselas, pues de esta manera Sarkozy ha conseguido anclar una primera propuesta en el imaginario europeo. Por tanto, el debate que se ha generado, que se nos ha generado artificialmente  es: “¿Debemos o no debemos deportar a los gitanos rumanos?”, saltándonos una fase inicial y más lógica,  que es: “¿Suponen los gitanos rumanos un problema para el país o para la Unión?”. Pero esta pregunta primigenia, Sarkozy ha decidido saltársela porque no interesa, obvio.

El segundo gran éxito el presidente francés es que ha protagonizado, está protagonizando el debate a nivel comunitario, lo que genera atención sobre su persona y sus políticas. Para más inri, cuando la Comisión Europea había respondido con tibieza a la propuesta, lo que le permitía capitalizar su poder decisión sobre otros países, la comisaria de justicia, Viviane Reding, regaló a Francia la posibilidad de presentarse como víctima y pedir la alineación de todos sus socios en torno a Sarkozy, después de comparar la propuesta con lo sucedido con los judíos durante la II Guerra Mundial. Y claro, después de este ataque, la propuesta francesa se mostró algo más legítima.

Entonces, si Sarkozy ha instalado el primero el debate, lo ha instalado bien y lo está protagonizando, ¿dónde está el error? Muy posiblemente en meollo de la cuestión, en el tema elegido: la deportación (obligada) de ciudadanos europeos de su territorio. ¿Por qué?:

  • Los franceses está mayoritariamente a favor de las medidas de su presidente. Es seguro que Sarkozy manejó estos datos antes de lanzarse al ruedo y que puede que el dato sea extrapolable a toda la ciudadanía europea. Sin embargo, insertar este tema en agenda responde más una medida desesperada que a un análisis riguroso de sus posibilidades electorales. Y esto es así porque, en política europea, cambiar seguridad por derechos humanos no suele dar buenos resultados. Es complicado gestionarlo y no suele regalar escenarios comunicacionales muy favorecedores. A corto plazo sí, pero no a largo.
  • Las medidas que afectan a los DDHH son muy sensibles e inestables y deben ser tratados  de una manera muy cautelosa. Exige dirigentes responsables que planteen el debate desde posturas responsables y este no el caso.
  • Sarkozy ha utilizado los sondeos en materia de derechos de las minorías (de limitación en este caso) para crear agenda política. Me pregunto cómo a visibilizar los éxito de esta política. ¿Imágentes de TV con los asentamientos desmantelados y convertidos en jardines para uso y disfrute de los vecinos? ¿Va a caso a impactar sobre el porcentaje de delincuencia o el índice de mendicidad?

Por otra parte, el tratamiento de la polémica en España ha sido ciertamente torpe por parte del equipo del presidente del Gobierno. No dudo que se viera forzado por Francia a apoyarle públicamente pero explicó muy mal su mensaje. Y peor aún cuando el PSOE aquí se mostró rotundamente en contra. Igual de torpe ha sido la derecha mediática a la hora de explotar un filón que situaba a Zapatero en posiciones que podrían ser hasta xenófobas (bien explotado).

Agitar a la opinión pública con escenografías tan peligrosas nos pasará factura a todos los europeos. Un continente que ha vivido unas experiencias amarguísimas fruto de la xenofobia y el racismo, vuelve a poner en solfa un debate ya superado: el de si debemos deportar a ciudadanos por su raza o procedencia. La comisera Redding no iba tan mal encaminada: en los comienzos del III Reich, a los judíos sólo se les pedía que se marcharan del país, ni siquiera se les obligaba, como está sucediendo en Francia.

NOTA: los avances sociales de las minorías nunca se han conseguido gracias al apoyo de las mayorías. Es incongruente. Por eso las políticas dirigidas a las minorías no pueden tener en cuenta los sondeos, porque entonces nunca se producirían (en contra de lo que se dice, las encuestas internas del PSOE en 2004 no eran concluyentes con respecto a la aceptación del matrimonio homosexual por parte de la sociedad española; esto eso, no aseguraba votos cuando se incluyó en el programa electoral de Zapatero. El voto rosa es un mito; otra cosa muy distinta es cómo uses la historia para colgarte de las medallas de las conquistas sociales, como bien ha hecho el presidente desde que ganó y hoy es -o era- su bandera electoral)

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Acerca de ruizmateos

Gerente en la operación de Panamá de LLORENTE & CUENCA, primera consultoría de comunicación de España y Latinoamérica
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