Resolución 1973: un cínico y torpe plan de la comunidad internacional

El conflicto armado que se está desarrollando en Libia vuelve a mostrarnos las miserias de la política internacional y de su incapacidad para hacer frente a un reto tan importante como al que Gadafi nos está haciendo enfrentarnos.

Pendientes de conocer como finaliza la operación armada contra el Coronel, lo cierto es que esta guerra acumula, ya desde su gestación, una serie de errores de concepción y de comunicación, que lastran incluso la legitimidad de los países para ponerla en marcha. Ello no quiere decir que el mundo no debería responder con el uso de la fuerza a las atrocidades de Gaddafi. Sin embargo, la comunidad internacional ha demostrado, una vez más, su incapacidad para responder de manera satisfactoria a crisis de tanta envergadura (lo digo también por el tsunami en Japón):

  • Una escasa visión largoplacista, un temor a la injerencia futura o unos intereses económicos exagerados artificialmente, o una mezcla de las tres razones, impidieron a la ONU forzar una resolución urgente que detuviera la campaña de ataques de Gaddafi contra su pueblo, de esto hace ya 3 semanas. No supieron o no quisieron forzar una votación en el Consejo de Seguridad que amparase un discurso contundente hacia el régimen libio y su comportamiento intolerable. La solución ha sido forzar una resolución in extremis (1973) que han intentado explicar como “el momento preciso, antes de la batalla final en Benghasi”. No se sostiene.

  • La ONU tampoco ha sabido articular una posición común. La abstención de países como Rusia y China responde a otros intereses o contraprestaciones. Y la de Alemania debería ser preocupante. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon dijo ayer en El Mundo que esta resolución supone una nueva doctrina internacional pues, a partir de ahora, la comunidad internacional puede actuar para detener el uso de la fuerza contra la población civil en cualquier país. Algo directamente falso y contrario al Derecho Internacional y que supone un riesgo importante en el discurso de la ONU pues estaría legitimando el uso de la fuerza de manera pseudo-discrecional. La alternativa de la diplomacia perdería parte de su capacidad de ordenar el mundo.

  • Aprobada la resolución, la forma de articularla ha sido eficiente (en 48 horas había comenzado la acción armada) pero demuestra que la comunidad internacional carece de organismos que coordinen una acción de estas características, un mecanismo permanente que vele por los Derechos Humanos en el mundo, establezca unas reglas muy claras y tenga capacidad de actuación, incluido el uso de la fuerza. La solución es que varios países, de manera unilateral, se unen en una coalición para bombardear Libia. ¿Respira esto Derecho Internacional? Al contrario, emana colonialismo cuando la Liga Árabe y la Unión Africana reniegan ahora de la operación.
  • La resolución 1973 de la ONU es el aval perfecto para Zapatero, la línea roja que nunca habría atravesado. Sorprende, sin embargo, su contundencia a la hora de embarcar a España en una intervención militar, lo que retuerce su discurso tradicionalmente pacifista. Por cierto, que resulta irónico que haya alegado el estado de absoluta urgencia de intervenir en Libia para no haber consultado con el Parlamento esa decisión. Llevamos esperando un mes a que la ONU se decida a dar el paso; podríamos haber votado en el Congreso la participación española durante ese tiempo y ahora Zapatero tendría el aval y “la razón” de su lado, ayudando así a su imagen presidencialista de comandante en jefe.

El sentido común nos dice que la operación “Odisea al Amanecer” debería acabar con Gaddafi en poco tiempo. Pero, ¿y con otros dictadores que están atentando contra su pueblo y que lo harán en un futuro? ¿Cómo y a través de qué mecanismo actuaremos? ¿Cuan cínico será el discurso de Occidente para justificar su actitud?

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Acerca de ruizmateos

Gerente en la operación de Panamá de LLORENTE & CUENCA, primera consultoría de comunicación de España y Latinoamérica
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