Los 15 días que cambiarán Cataluña

 

Artur Mas va a pasar a la historia. Aún es difícil atisbar de qué manera pero, lo que parece ya claro,es que será recordado por marcar un punto de inflexión en la hoja de ruta soberanista en Cataluña. Muchos analistas se afanan estos días en presentar este giro inesperado de los acontecimientos como parte de una hoja de ruta históricamente consensuada entre los nacionalistas catalanes –el “seny convergente”-, para alcanzar la independencia de España. Pero ni uno sólo de esos analistas afirmaba, hace menos de dos meses, que la deriva soberanista catalana llegaría al punto en que nos encontramos.

Y esto es así porque, aunque no lo reconozca, ni siquiera Mas sabía el día antes de la Diada de Cataluña (11 de septiembre) que su reclamación independentista alcanzaría el éxito rotundo que ha obtenido.

El president ha movido las fichas de manera magistral. Posiblemente improvisando día a día. Apuesto a que el plan político y de comunicación desplegado por la Generalitat estaba diseñado pero para ser puesto en marcha en otro momento y a lo largo de muchos meses. ¿Cuándo? Al término de la legislatura, una vez liquidado el Pacto Fiscal. ¿Cuánto? 6, 8 o 10 meses antes de finalizar la legislatura en 2014.

En cualquier caso, no ahora. Sin embargo, la manifestación de la Diada le ofrece la excusa perfecta para encaramarse a la ola de fervor soberanista en Cataluña. Es un movimiento casi espasmódico de adhesión pero muy inteligente. Desde entonces, en sólo 15 días, Mas da por muerto el Pacto Fiscal tras la reunión mantenida con Rajoy en Moncloa –una muerte teledirigida por el propio Mas-, provoca una votación en el Parlamento de Cataluña para una consulta sobre la independencia y, finalmente, convoca elecciones en la comunidad. 15 días de vértigo que transformaron la agenda política del país entero y cuyas consecuencias son imposibles de prever. Un terremoto político.

De momento la apuesta, como decía, le ha salido a Mas a la perfección. Por un lado, ha aglutinado a las fuerzas independentistas en torno a su marca política, robando el discurso a ERC –que mejorará resultados por inercia tras la crisis interna que por poco se los lleva por delante en 2010. Pero también ha puesto en jaque a los socialistas catalanes, evidenciando sus conflictos internos y tensando la cuerda del tal modo que ha acabado por romperse, con la salida de Ernest Maragall. El Partido Popular en Cataluña tendrá un posición aún más marginal, con la posible pérdida de hasta 6 diputados; y peor aún, arrinconando al partido conservador en torno a su discurso españolista, algo que no gusta a casi nadie en Cataluña.

Todos pierden en definitiva. Todos excepto Artur Mas. Ahora sólo se habla de él. Ha conseguido que la opción separatista se muestre real en las mentes de los españoles; que finalmente lo verbalicen y lleven ese asunto a la conversación de los bares. Que el marco de conversación sea “una Cataluña fuera de España y dentro de Europa” y no una “Cataluña con más o menos autonomía”. Ha conseguido que el New York Times le entreviste a raíz de este asunto. Que la gente realmente le odie, tenga sentimientos hacia él, paso absolutamente necesario para pasar a la historia. Es el hombre de moda, el foco de todos los eventos.

Para las páginas interiores de los periódicos queda ya el rescate del Gobierno español a Cataluña, opacado por la fiesta de serpentinas y senyeras que Mas ha organizado, a través de las cuales aparecerá victorioso en las elecciones del próximo 25 de noviembre. Será una victoria contundente que dará aun más legitimidad a su proyecto y avivará el asunto en la agenda política española. El próximo paso de Mas sigue la lógica de quien azuza los odios de unos contra otros en un paso más para crispar ánimos: la “internacionalización del conflicto”, como él mismo ha asegurado. La expresión nos suena a muchos españoles porque era la que continuamente usaba ETA y el entorno abertzale para provocar la reacción de países y organismos internacionales en su “guerra contra la España opresora”. Esa España que viola los derechos del pueblo, impide su desarrollo económico de sus habitantes, coarta las libertades fundamentales de sus ciudadanos y obliga a devolver al Estado centralista, que luego reparte con el resto, el dinero que legítimamente les corresponde ¿Les suena de algo?

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Acerca de ruizmateos

Gerente en la operación de Panamá de LLORENTE & CUENCA, primera consultoría de comunicación de España y Latinoamérica
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4 respuestas a Los 15 días que cambiarán Cataluña

  1. Aún a riesgo de parecer simplista, y sin poner en duda ni un ápice de la estrategia de la decisión, creo que para valorar este asunto en su totalidad no se puede perder de vista el hecho de que la Generalitat se vio obligada a solicitar al Estado español el rescate financiero para sanear sus cuentas. Soy la única que piensa que además del afán soberanista de Mas hay una calculadísima operación de imagen para evitar incómodos conpañeros de viaje en la próxima e intencionadamente adelantada convocatoria electoral?

  2. Isabel dijo:

    Gracias por el artículo. No crees que es una cortina de humo frente a su situación económica y el déficit?

    • ruizmateos dijo:

      Hola Isabel, efectivamente creo que también es una cortina de humo por la situación económica, pero también creo que es algo mucha más grande que todo eso y que han abierto una Caja de Pandora que ya no van a poder cerrar. un abrazo!

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