Cuando las palabras se inyectan de odio

Os comparto el artículo que el diario La Prensa (el más importante en Panamá) me ha publicado hoy. No es comunicación política aunque tiene mucha de comunicación y mucho de política.

Qué importante es el lenguaje. Qué importante es elegir las palabras adecuadas para describir cosas o situaciones. Entiendo que, tras un ejercicio de reflexión, el profesor Espino Perigault escogió con consciencia la expresión “fornicación contranatural” para describir las relaciones homosexuales en las páginas de La Prensa el pasado martes 23 de octubre. De hecho, iba a más. El señor Espino entiende que los homosexuales exigimos poder casarnos como un privilegio con el que pretendemos que se “legalice la fornicación contranatural,  la prostitución homosexual; la selección libre de género y la educación sexual sin control parental”. Así, literal.

El señor Espino ha decidido que, con el fin de desacreditar el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, lo mejor que puede hacer es denunciar que si dos mujeres se casan, lo primero que va a hacer una de ellas –sino las dos- es lanzarse a las calles a prostituirse. Desde luego, tiene toda lógica porque es un comportamiento habitual de dos personas que están enamoradas, irse a un prostíbulo y ganar algo de plata.

“Fornicar”, según la Real Academia de la Lengua, es tener cópula carnal fuera del matrimonio. Por lo que he de suponer que el señor Espino se refiere a que si dos hombres contraen nupcias, automáticamente deben hacer un trío o una orgía. No me queda claro si la infidelidad sería consentida por la pareja, lo que haría la cosa más sucia, o a espaldas del cónyuge, como sucede en el 40% de las relaciones heterosexuales.

Pero no contento con esta orgía, esto sí que es una orgía, pero de conceptos, el señor Espino cree que los homosexuales no tendríamos control alguno (ni preocupación quiere decir, en realidad) sobre la educación sexual de nuestros hijos, que no nos importaría lo más mínimo si contraen enfermedades de transmisión sexual o se quedan embarazadas nuestras hijas con 12 años. Porque eso son cosas de las que se preocupa una pareja heterosexual normal, natural, bendecida por Dios. Dos hombres juntos o dos mujeres juntas tienden a copular todo el rato sin poder evitarlo, como dos conejos o dos perros que se ven obligados a hacerlo incluso en el parque, a plena luz del día.

Me apiado de los alumnos del Señor Espino Perigault. Siento pena porque están aprendiendo a vivir el mundo a través de los ojos de la intolerancia y de la ignorancia. Porque esos niños, si por él fuera, jamás aprenderían que en más del 50% de las especies animales –y los humanos lo somos- existen parejas estables entre ejemplares del mismo sexo; no llamaría yo “contranatural” a la mitad de la naturaleza pero yo soy más de latín y griego.

Ver el mundo con los ojos muy chiquitos te quita preocupaciones, eso sí. En la ignorancia la vida es mucho más fácil. El hombre tiene pene. La mujer vagina. El resto debe ser algo “malo”. En la India se cree firmemente en el tercer sexo y se respeta y se entiende que una mujer pueda nacer en un cuerpo de hombre. Pero el señor Espino estará poco viajado y eso es una pena porque sus alumnos también lo estarán.

Contranatural es tener a millones de niños en orfanatos esperando a tener unos padres que se lo lleven a casa y le den un beso cada noche antes de dormir. Contranatural es que un señor no pueda decidir dónde quiere enterrar al hombre con el que ha compartido 40 años de su vida. Contranatural es que dos niños tengan legalmente una sola madre cuando, desde que nacieron, han tenido dos mamás que les adoran y les llevan al cole.

Los niños no se trastornan porque los hayan criado dos hombres o dos mujeres. Los trastornan profesores intolerantes que inyectan en ellos odios irracionales hacia algo que es natural como la vida misma. Profesores Espinos, denle una oportunidad al amor, venga de donde venga. Si Jesucristo lo decía sin parar, ¿por qué ustedes lo olvidaron?

 

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Acerca de ruizmateos

Gerente en la operación de Panamá de LLORENTE & CUENCA, primera consultoría de comunicación de España y Latinoamérica
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2 respuestas a Cuando las palabras se inyectan de odio

  1. Excelente artículo, desde hace unas semanas le sigo, no paro de leer sus artículos y apuntarlo en un cuaderna. En breve comienzo un máster relacionado con la comunicación política e institucional. Oye, por cierto, ojalá que algún día de estos hagas un post aconsejando lecturas, libros, películas, sobre comunicación política 🙂 Un abrazo! También soy suscriptor ya! jaja 🙂

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